Balneario Hotel Palacio de las Salinas

Historia del edificio

Ya desde el s. XVII se tienen referencias de que en el páramo de las Salinas (actual situación del Palacio) sucedía que en épocas de lluvia se embalsaba el agua una vez que el terreno se saturaba y con el transcurrir de los días, a medida que se evaporaba por acción del sol y el aire, aparecía un sedimento blanquecino, que no era otra cosa que depósitos de sal; de ahí el nombre de 'Las Salinas'.
Algunas personas acudían a aplicarse estas sales por el cuerpo y a bañarse en las charcas naturales durante la primavera y el verano.
Fue extendiéndose la noticia de que allí se curaban las enfermedades de la piel y otras dolencias de los huesos y las articulaciones.
En 1891 se inauguró el Balneario, siendo un pequeño hotelito con una casa de baños acondicionada con pilas de mármol para bañar a los enfermos. Su primer propietario se llamaba D.Manuel Ortiz de Pinedo. En ese año ya acudió un médico del Cuerpo Nacional de Baños, quien atendió a los enfermos los meses de julio a septiembre.
En aquella época había cuatro manantiales de agua minero-medicinal que recibían el nombre de:

  • Santa Elisa
  • Manolito
  • Antia
  • Tenacidad (a éste algunos lo han llamado Trinidad)
En 1893 D.Manuel Ortiz consiguió la Declaración Oficial de Aguas de Utilidad Pública por Real Orden del 3 de marzo de 1893, para cada uno de los cuatro manantiales y poco después la declaración, también por Orden Real, de aguas minero-medicinales.
Ya iniciado el siglo XX, se construyó una sociedad mercantil presidida por el medinense D.Francisco Belloso, que en 1912 puso en marcha el gran hotel (actual edificio) cuyo diseño arquitectónico fue realizado por los mismos arquitectos que el Palacio de la Magdalena en Santander.
Desde ese momento el Balneario de Las Salinas, se convirtió en una referencia importante en el concierto del termalismo español y europeo. Ello se desprende de que cada año acudían a realizar tratamiento más de 3000 personas.
En la galeria de baños había 48 cuartos de baño de mármol de 1ª y 2ª clase y otros 8 cuartos de baño con instalaciones de superlujo para clientes más exigentes (con vestuario o tocador, lavabo, water-closet, cama de reposo y cama de masaje, además una pila de mármol mayólico).
Además, la casa de baños disponía de salas de inhalación, vaporización, duchas y baños genitales, baños de asiento, irrigaciones y otras técnicas como un departamento de helio-terapia, incluso existía un sistema de calefacción mediante vapor de agua.
El complejo termal entonces disponía del gran hotel, antes mencionado, con 100 habitaciones, el hotel primitivo que quedó en 2ª clase y el hotel San Rafael, propiedad de D.Jacinto Romero. Fuera del recinto del balneario había otros dos hoteles: El hotel Luisita y Paca y la Fonda de D.Simeón Casado.
Un servicio de coches, primero de caballos y después de motor, unían el balneario con Medina del Campo y con la estación de trenes.
En el año 1936, a consecuencia de la Guerra Civil, no se abrió al público. Desde entonces fue muchas cosas menos balneario, hasta el año 1988 en que la finca y el edificio fueron adquiridos por una empresa madrileña, la cual lo rehabilitó de nuevo como centro termal.
Durante la Guerra Civil fue cuartel y hospital musulmán de las tropas del norte de África que acudieron a la contienda. En 1941, la sociedad presidida por el Sr.Belloso vendió las instalaciones al Patrimonio Nacional (Auxilio Social) para que fuera utilizado por la sección femenina como lugar de realización de cursos.
En 1953 fue adquirido por la Congregación Salesiana que lo habilitó como seminario hasta el año 1979 en que el edificio fue clausurado, permaneciendo en estado de semiabandono hasta que en 1988 lo compró Promotora Madrileña de Inversiones S.A.
Parece que tanto los Salesianos como los musulmanes y la sección femenina no dieron uso las aguas medicinales, muy al contrario, unos y otros cerraron los pozos, llenaron de escombros las canalizaciones de agua termal subterránea, destruyeron la casa de baños e hicieron desaparecer todo el majestuoso complejo termal que con tanto esfuerzo se había edificado en ese lugar.
En 1996 fue adquirido al Banco Hipotecario (Argentaria) por Palacio de las Salinas, S.L., que es la actual propietaria y que ha apostado decididamente por volver a convertirlo en uno de los balnearios de élite de España y Europa.

Historia de la capilla

En las Salinas ocurrió igual que en otros lugares de España donde emergía agua minero-medicinal, de tal forma que la gente comenzó a atribuir a esta agua un carácter milagroso; por este motivo, en todos los lugares donde existen manantiales minero-medicinales hay constancia histórica de que allí se veneró a algún santo o alguna virgen, a quien se atribuía una buena parte del beneficio de las aguas.
En las Salinas nos consta por documentos escritos que hasta el año 1800 se rendía culto a Nuestra Señora de las Salinas y en su honor se construyó una pequeña ermita donde se entronizó una imagen de la Virgen.
Alli la gente del pueblo de Medina del Campo y de las comarcas vecinas agradecían los favores de Nuestra Señora depositando en las paredes cientos de exvotos fabricados en cera, madera y telas que representaban manos, piernas, dedos... curados.
En realidad además del buen hacer de la Virgen, eran las aguas cloruro-sódicas las que hacían sanar a los enfermos.
En 1801 la vieja y popular ermita de Las Salinas se arruinó y la imagen de la Virgen fue trasladada a la Colegiata de San Antolín, en Medina del Campo.
Actualmente, dicha ermita se ha remodelado en estilo contemporáneo de la mano del artista Cristóbal Gabarrón, gracias a una iniciativa de Naciones Unidas.

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